¿Y si un vaquero ochentero extremadamente pintoresco te lleva al desierto y te da peyote y te trabaja un viaje psicodélico por territorios inhóspitos y memorias indeseables para luego cantarte una canción en medio de la noche acelerada iluminado por una luz frontal para que luego te des cuenta que nada fue real? En ocasiones sucede.


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